» ANÁLISIS POR MATIAS PETRONE

Racing habla holandés

Racing habla holandés

Lo más probable es que Coudet nunca haya leído ninguna de las aclamadas columnas de opinión que solía escribir Johan Cruyff en el periódico holandés “De Telegraph”. Primero, porque no le gusta leer y se ha encargado de dejarlo bien claro en más de una entrevista. Y segundo, porque seguramente no entiende nada de holandés. Entonces, es muy complicado que un hombre al que no le gusta leer y que no entiende nada de holandés se haya sumergido en las líneas anaranjadas de Johan Cruyff. Pero también es curioso que un hombre al que no le gusta leer y que no entiende nada de holandés conduzca un equipo que tanto tiene que ver con lo que escribía un holandés en un periódico. Racing habla en holandés, en ese holandés que escribía Cruyff en De Telegrph. O intenta hacerlo. Porque es cierto que no le sale fluido; que se le complican los tiempos verbales, que a veces erra en las conjugaciones y que le falta estudiar sobre las pronunciaciones de los extensos y complejos grupos de consonantes y vocales que forma el idioma. Pero las intenciones y los ideales, en su mayoría, se comparten.

Desde que Coudet llegó a Racing, no hubo práctica donde falte un rondo. El rondo es un ejercicio con cientos de formas y variantes que son indiferentes al objetivo del mismo. Por eso no vale la pena mencionar cómo estructuró cada rondo, pero sí desarrollar un poco qué significa “hacer un rondo”. Un grupo de jugadores que forma un cuadrado o un circulo en porciones de espacio reducidas, se pasa la pelota, preferentemente a uno o dos toques, mientras que otro grupo (en inferioridad numérica) intenta quitar. En general, aún se confunde a un rondo con un clásico “loco”. Pero no son lo mismo. Porque el loco tiene como objetivo entretener, tiene una finalidad lúdica. En cambio el rondo, según palabras del propio Andrés Iniesta en “La jugada de mi vida” (su autobiografía), “es la esencia de este juego”. Xavi, su complemento ideal en el campo, completa en una entrevista con el diario español “El País”: “es un ejercicio increíble. Se usan las dos piernas, mirar a tu segunda línea, filtrar el pase por dentro, atraer, atraer y cuando viene el rival pum, das el pase al otro lado”. Por otro lado, Amor y Bakero, dos leyendas del Barcelona que brillaron en el Dream Team de Cruyff afirmaron que “los rondos encierran una filosofía futbolística” en una entrevista con “El Periódico”, medio digital catalán. De eso se trata: pasar, pasar y pasar, en la búsqueda de que aparezca el hombre libre a espaldas de la línea enemiga que presiona.

 

 

Así, Coudet comenzó a bajar una línea de lo que quería ver en el campo: un equipo que se compacte para pasarse el balón. Pero tener la posesión  no es una condición que por sí misma brinde argumentos para que un funcionamiento florezca. Mientras el pase horizontal entretiene el juego, los jugadores sin pelota deben mantenerse en movimiento y generar los espacios que deberán ser ocupados y explotados en el momento más oportuno para encontrar en condiciones favorables (con tiempo y espacio) al hombre libre, ese del que tanto hablaba Cruyff, a espaldas de la línea rival que presiona la pelota (como en los rondos). Racing lo busca y lo encuentra gracias a diferentes herramientas: fijación, conducción y las posiciones intermedias.

 

Si se toma una fotografía de la descomposición de Racing en ataque, se puede percibir y analizar cómo las posiciones de los jugadores contribuyen a construir el contexto en el cual se concibe la figura del hombre libre. Ambos laterales escalan metros sobre sus respectivas bandas para ensanchar la cancha y comenzar a abrir a la defensa rival, mientras que el volante central se incrusta entre los centrales para tener superioridad numérica en la salida que la mayoría de los equipos suelen presionar con dos hombres. Los delanteros (sin pelota) tienen la tarea de estirar al equipo rival para empezar a generar espacios entre líneas: justamente, son dos para poder igualar a los centrales rivales y fijarlos, evitando que salgan a cortar a espaldas de los laterales en zonas donde el equipo buscará generar el mano a mano. “El 4-1-3-2 (sistema que usó Coudet durante todo su ciclo) es  una variante del 4-3-3 que te permite fijar a los centrales rivales. En Argentina es difícil encontrar extremos y los centrodelanteros abundan, por eso es una buena alternativa”, opina un entrenador argentino que actualmente dirige un grande de Chile, que prefirió no ser nombrado. Por otro lado, los defensores centrales propios y los volantes que más cerca de ellos se ubican, también contribuyen a agrandar los espacios entre líneas, además de ser quienes habitualmente se encargan de colocar la pelota en esas zonas. El balón funciona como un imán de pupilas y aunque la mayoría de  los jugadores saben que no deben mirarla  durante los 90 minutos que dura un partido, lo hacen. Y entonces al pasarse la pelota, los centrales tiene el poder de entretener y orientar a las primeras líneas de presión rival para encontrar huecos por los cuales comenzar la transición ofensiva. Y si los zagueros suben en el campo con el balón, el poder de atracción del elemento ayudará a que aparezca el famoso hombre libre. Porque como dijo y dice Juanma Lillo (entrenador español), no se trata de pasar por pasar, sino de pasar solo cuando haya salido un rival, que deja un espacio libre donde aparecerá un compañero sin marca. La conducción atrae a un rival y genera superioridades numéricas, por eso ese movimiento es una de las máximas del juego ofensivo. Y una vez que los rivales que se desean fijar están fijados y la línea de volantes se adelantó, se genera la porción de espacio más rica para aprovechar: la que aparece entre las filas enemigas. Al ocupar las posiciones intermedias y contar con opciones de pase a diferentes alturas del campo, el rival pierde referencias  de para marcar y es fácil generar fisuras. Además, se forman diversas líneas de pases cortas que benefician a la posesión de la pelota y un probable contexto post pérdida: si se juega en corto, el equipo se compacta y en caso de perder la pelota se encuentra mejor parado para presionar inmediatamente y anular contragolpes.

 

 

 

Más allá de la teoría, en la práctica Racing fue cambiante. En primer lugar, no pudo sostener los buenos rendimientos que mostró cuando más lúcidos se encontraron sus intérpretes; durante la primera mitad del semestre, se destacaron los errores en la toma de decisiones pese a que los resultados acompañaron al equipo. “Fuimos muy directos” fue una frase que se hizo carne en la boca de Coudet, que la llevo a casi todas las canchas y la exhibió en casi todas las conferencias de prensa, así el equipo haya ganado, perdido o empatado.  “Si nos volvemos verticales, le damos lugar al rival  para que tenga la pelota y nos lastime a nosotros. Apostamos a tener une buena posesión que nos sirva para manejar los tiempos y encontrar el momento para golpear”, completó Broggi (ayudante de campo) en una entrevista con “La Noche de Racing”, pintando un óleo de las intenciones del equipo y explicando por qué creen que ser directos no es lo ideal.

 

 Por otro lado, la falta de recambio fue lo que más atentó contra el nivel de la Academia cuando se jugó objetivos importantes sobre el final del semestre: lo que Sigali, Nery Domínguez y Donatti podían generar desde el inicio del juego, nunca pudo ser representado por los jugadores a los que le tocó reemplazarlos. Con los habituales jugadores suplentes en cancha, la idea de jugar con la posesión de la pelota, que en parte es lograr que cada pase otorgue ventajas de espacio y tiempo a los receptores,   no pudo llevar a cabo.

Con el diccionario neerlandés bajo el brazo y una mochila llena de manuales, Racing transitó los primeros seis meses del año intentando aprender y superó la parte más complicada de empezar a hablar en otra lengua: dejar de lado las palabras que fueron costumbre para crear un terreno sobre el cual montar un vocabulario nuevo. Ahora le toca perfeccionarse, y acertar en la planificación será un requisito excluyente para no repetir errores. Lo cierto es que las columnas de Cruyff ya no le sirven de mucho en ese aspecto, porque la teoría está firme y las convicciones acompañan al aprendizaje.

 

 

Publicado el 13/06/2018
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